¿Por qué es importante que se promueva un arte para la transformación social? ¿Cómo contribuyen las prácticas artísticas a la transformación social? El artista visual Jorge Miyagui comparte este interesante texto de reflexión sobre la práctica artística y las organizaciones que apuestan por proyectos emancipadores, organizaciones de activismo cultural y de Cultura Viva Comunitaria.

Por Jorge Miyagui, artista visual

¿Por qué es importante que se promueva un arte para la transformación social?

PORQUE LA CULTURA ES EL CAMPO DE BATALLA. Un proyecto verdaderamente transformador de lo social sólo se puede dar en el terreno de la cultura. Sin cambios profundos en las dimensiones internas de las personas todo intento de transformación hacia una sociedad más justa, igualitaria y solidaria será superficial, sin continuidad ni sostenibilidad, en tanto los cimientos donde se reproducen las relaciones de dominación y subordinación seguirán intactos: las subjetividades y los sentidos comunes.

La dimensión cultural tiene que ver con las formas de ver, percibir, sentir y pensarnos a nosotros mismos. Allí el discurso del poder es reproducido tanto por dominadores como por dominados bajo un patrón capitalista, eurocéntrico, racista, machista y homofóbico. Por tanto, el control social sobre la subjetividad, la vida sexual, las formas de organizarse, de trabajar, etc.[i] expresados como ataduras, tienen su soporte en la interiorización de la ideología de la dominación, en la hegemonía cultural.

Por lo mismo es en ese ámbito de lo cultural donde debemos dar la batalla contra un modelo de civilización que cosifica a los individuos, volviéndolos objetos-mercancías o invisibles en una escala de ciudadanía restringida.

Disputar en el terreno de las subjetividades y buscar cambios culturales profundos nos exige el más radical de los horizontes de sentido: la emancipación del ser humano de toda relación subordinante.

PORQUE NECESITAMOS CREAR UNA NUEVA INSTITUCIONALIDAD RADICALMENTE DEMOCRÁTICA. Aún tenemos una Institucionalidad Artística excluyente (espacios de distribución, dinámicas de consumo, centros de formación, prensa especializada, etc.) que reproduce discursos y dinámicas racistas favoreciendo a los sectores dominantes de la sociedad. La diferenciación jerarquizada entre arte y artesanía, música y folclore, idioma y dialecto expresa cómo la cultura occidental es vista como superior,  asumiendo acríticamente categorías y conceptos desde los centros de poder. El colonialismo cultural se refuerza por la ausencia de políticas de educación artística adecuadas con enfoque intercultural y en diálogo con los contextos locales.

Por otro lado, en determinados procesos socio-económicos (mercado de arte) el producto cumple una función de distinción social y privilegio de clase. Aquí se suele reforzar la idea de que la capacidad de decodificar obras de arte es una capacidad natural y no resultado de una educación, así como la idea de que el arte es sólo un producto y no sus procesos sociales. Por eso democratizar arte no se debe entender solo como una democratización del producto, es decir, llevar los artefactos culturales a los lugares más alejados y de poco acceso sino como un proceso pedagógico de democratización de las capacidades necesarias para que dichos productos sean decodificados y generen conocimiento. En otras palabras: generar a partir del producto artístico procesos de ciudadanía cultural.

Para esto necesitamos una reformulación descolonizada de las categorías, teorías y dinámicas con las que nos acercamos al sistema de producción artística y su sistematización. Se trata de forjar una Nueva Institucionalidad Artística (nuevas formas de producir, distribuir y consumir artefactos artísticos) que le dispute hegemonía (poder simbólico y sentido común) a las instituciones oficiales, creando nuevos espacios, nuevos públicos, nuevos mercados, nuevos medios de legitimización, nuevas formas de producir conocimiento, etc.

PORQUE EL ARTE TIENE UNA POTENCIA TRANSFORMADORA. Muchas de las dinámicas así llamadas “político-culturales” en las organizaciones políticas responden a una concepción instrumentalista del arte, casi como reemplazante de un volante: los artistas convocados deben expresar (ilustrar o escenificar) casi textualmente las ideas, objetivos, lineamientos del proyecto. Se toma en cuenta a los trabajadores del arte para las campañas y eventos pero no para el debate político, programático o ideológico.

Los trabajadores del arte tienen agendas propias que no debieran ser subordinadas a otras, además su participación en las organizaciones políticas debiera ir más allá de su especificidad laboral. Tal vez la instrumentalización pase por el desconocimiento pues si bien la idea de que las prácticas artísticas tienen una capacidad transformadora es aceptada, no queda claro cómo transforman.  Afirmamos entonces que el potencial transformador del arte radica en:

1.- Su capacidad de conmover, es decir: afectar dimensiones profundas en las personas. El arte cuando no se reduce al mal panfleto no sólo habla a lo consciente sino también a lo inconsciente, no sólo a la razón sino también a la emoción, nos interpela sobre los sentidos de la existencia social. Puede activar la memoria personal y colectiva tanto del trabajador del arte como del espectador. Es así que al dinamizar aspectos ideológicos y emotivos de los seres humanos puede convertirse (el arte) en plataforma de dinámicas de transformación profunda y sentidos críticos como expresión de nuevas formas de ver, percibir, sentir, pensar y pensarnos.

2.- La capacidad de articular luchas creando dinámicas inéditas en espacios barriales, en espacios alternativos a los circuitos oficiales de distribución, articulando con organizaciones sociales, etc.  Es decir: forja una Nueva Institucionalidad, articula distintas agendas de lucha y fortalece el tejido social.

A continuación intentaremos demostrar estas hipótesis a partir de experiencias colectivas concretas en las que hemos tenido la suerte de participar.

¿Cómo contribuyen  las prácticas artísticas a la transformación social?

FORJANDO NUEVA INSTITUCIONALIDAD: NUEVOS PÚBLICOS, NUEVOS ESPACIOS, NUEVAS PRÁCTICAS, NUEVAS TEORÍAS, NUEVOS MEDIOS DE LEGITIMIDAD. En los últimos años se han multiplicado los colectivos, organizaciones y nuevos espacios que han surgido planteando nuevas lógicas de producción, distribución y consumo prefigurando una Nueva Institucionalidad. Lo que se ha llamado “Cultura Viva Comunitaria” en distintos países de Latinoamérica visibiliza las variadas apuestas existentes que desde prácticas pedagógicas y artísticas en los territorios trabajan por transformar lo social.

Esta apuesta trasciende a los programas estatales creados para su fomento pues muchas de estas organizaciones no están inscritas en ellos y por el peligro de su neutralización política. Un ejemplo en Lima es el Centro Cultural El Averno que funcionó de 1999 a 2013 en el Jr. Quilca del Centro de Lima y que actualmente ha abierto la Biblioteca Comunal Quilca en el Cerro San Cosme en donde se dictan distintos talleres para los niños y niñas del barrio.

El Averno creó un nuevo espacio, un nuevo público, una gestión distinta a la de los espacios oficiales basado en la diversidad cultural, en donde distintas identidades étnicas, culturales y políticas podían compartir las instalaciones. Un fin de semana típico acogía música de sicuris, trova, punk, murales, grafitis, asambleas de coordinación, recitales de poesía y demás.

El espíritu contestatario y anti-sistémico del Averno forjó una legitimidad propia, su trabajo fue reconocido por los medios de comunicación y por investigaciones académicas. Así la gestión de la alcaldesa Susana Villarán en acto público les prometió un nuevo local, promesa que nunca se cumplió evidenciando taras y temores frente a un proyecto verdaderamente transformador. A pesar de todo El Averno no ha muerto y su trabajo comunitario actual en el Cerro San Cosme así lo evidencia.

Otro ejemplo es el Foro de la Cultura Solidaria en Villa el Salvador. A diferencia de El Averno fue invisibilizado por los medios. Sin embargo, durante su evento principal, convocaba todas las terceras semanas de Octubre de 2004 al 2009 cerca de 20 000 asistentes en Semanas del Arte Solidario. Se realizaban conciertos, obras de teatro, exposiciones, conferencias, conversatorios, murales, intervenciones del espacio público y diversas actividades en distintos locales de Villa el Salvador para pensar alternativas al capitalismo globalizado y promover relaciones solidarias frente al modelo de desarrollo capitalista y su racionalidad instrumental.

No solo fue un espacio de aprendizaje para muchos trabajadores del arte, activistas y militantes, muchos de ellos actualmente con presencia activa en organizaciones y en el escenario político nacional, sino que fue la consolidación de un espacio alternativo y comunitario que hacía del arte el territorio para crear dinámicas pedagógicas y emancipatorias.

ARTICULANDO DISTINTAS AGENDAS DE LUCHA.  En el Foro de la Cultura Solidaria las distintas organizaciones presentaban eventos para posicionar sus agendas: derechos humanos, feminismo, diversidad sexual y lucha tlgbi, arte comunitario, anti-capitalismo, etc. Estos temas eran reflexionados no solo en conversatorios y talleres sino en las mismas actividades artísticas.

Otro ejemplo de cómo se articulan agendas de lucha desde prácticas artísticas lo podemos ver cuando el  Museo Itinerante Arte por la Memoria[ii] realiza sus intervenciones del espacio público con obras que buscan sensibilizar sobre lo que fue el Conflicto Armado Interno. Se crean vínculos con el Movimiento de Derechos Humanos y sobre todo con las organizaciones de familiares. Las múltiples acciones conjuntas demuestran cómo la agenda del arte crítico puede articularse con la agenda de la lucha contra la impunidad.

FORTALECIENDO EL TEJIDO SOCIAL DESDE LA COMUNIDAD. En un contexto de desconfianza generalizada, de atomización de las organizaciones y de desestructuración del tejido social por décadas de neoliberalismo,  hacer política no solo ha pasado por la disputa electoral sino por  construir (o reconstruir) el tejido social que potencie la movilización social y que sea soporte de las propuestas de cambio.

Por eso la Brigada Muralista[iii] ha desarrollado una metodología de pedagogía artística inspirada en la educación popular para plantear murales colectivos. Tanto los conceptos como la realización del mural se asumen colectivamente con las comunidades, generalmente grupos de jóvenes, barrios, asociaciones juveniles y culturales, organizaciones políticas, etc. Los miembros de la Brigada Muralista son facilitadores del proceso, buscando la participación democrática y sobretodo la reflexión crítica conjunta.

ACTIVANDO LA MEMORIA Y EL CORAZÓN. El Museo Itinerante Arte por la Memoria tiene pendiente la tarea de sistematizar los debates y reacciones que han generado en el público sus diversas intervenciones en espacios públicos, reacciones muy distintas según los contextos: no fue lo mismo intervenir la Plaza San Martín que la Plaza de Huamanga y los comentarios van desde el agradecimiento, la sorpresa, la indignación hasta la agresión.

Además se ha recogido testimonios que dan cuenta de cómo muchas personas que han perdido a una hija, un hermano, un amigo durante el  Conflicto Armado Interno encuentran en éstas piezas una forma de reparación simbólica: la señora en Huancavelica que volvió a la muestra con la foto de su hijo para que acompañe una de las obras, personas que ponen espontáneamente flores y velas frente a la obra de Rosario (Akito) Bertran en la Plaza San Martín que muestra información de 15 000 desaparecidos, aquella otra señora que se pasó la tarde buscando en esa obra la información correspondiente a sus “hermanitos” (como emocionada los llamó).

Posiblemente hay quienes tienen otro concepto sobre lo que debe ser arte, para nosotros tiene que ver con conmovernos junto al otro, con disputar los sentidos de la existencia social, con sublevarse ante lo injusto,  con pensar y construir colectivamente, es decir, con desdibujar los límites entre el arte, la vida y su dimensión ética. Por eso pensar políticamente el arte no solo significa pensar el producto sino sus procesos, allí radica su potencia radical de transformación.

 

[1] Ver Quijano, Aníbal. Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. Julio de 2000. p. 246.

[2] Ver Miyagui, J. “A simple vista no se ve. Apuntes sobre las dimensiones políticas del arte” En libro “Crisis y Movimientos Sociales en nuestra América”. Daza, M., Hoetmer, R., Vargas, V. (Eds.) PDTG, Lima, Perú. 2012. pp. 285-294.

[3] Ibid.

[4] El Museo Itinerante Arte por la Memoria es una iniciativa ciudadana e independiente que apuesta desde el arte, la interculturalidad y la interdisciplinariedad como pilares para la construcción de un proyecto de nación inclusivo y democrático. Organiza exhibiciones ambulantes e intervenciones del espacio público con piezas de arte que abordan el periodo de violencia política (1980 – 2000), que comprende tanto la violencia de Estado, la violencia de las organizaciones subversivas, las causas del conflicto, la resistencia, la memoria de nuestro pueblo, los derechos humanos, la lucha contra el olvido y la impunidad. Ver arteporlamemoria.wordpress.com

[5] La Brigada Muralista es un espacio abierto a todas las personas interesadas que quieran llenar de color las paredes de la ciudad y del mundo con alegre rebeldía. Está coordinado por Mauricio Delgado, Milton Miranda, Elio Martuccelli, Alonso Rivera, Jorge Miyagui y Andres Juscamaita. Ver brigadamuralista.blogspot.com

 

Jorge Miyagui, artista visual.  Miyagui, Jorge. (Lima – Peru, 1978.) www.jorgemiyagui.com
Ha realizado exposiciones individuales y colectivas en diversas ciudades del Perú, así como en Argentina, Chile, Venezuela, Alemania, España, Estados Unidos y Finlandia. Es además profesor invitado del Programa “The Arts of Politics: Cultural Politics in Contemporary Perú” de la Universidad de Washington y profesor del curso Dinámica de la Cultura Actual en el Instituto ISIL. Ha sido miembro del Colectivo Aguaitones (1998-2001) y del Foro de la Cultura Solidaria (2004-2009). Actualmente participa en los proyectos colectivos Brigada Muralista, El Averno y Museo Itinerante Arte por la Memoria.

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